martes, 11 de noviembre de 2008

Tanta Recomienda Los Siervos!

Por Alejandro Tantanian

Esta carta tiene intenciones de elogiar. Y eso hará.

No conocía a Lucas Olmedo. No había oído hablar de él. Recibía algunos mails (de esos que los agentes de prensa envían para invadir casillas) invitándome a ver un espectáculo llamado LA SONRISA DE LOS SIERVOS. El espectáculo decía estar inspirado en textos de Robert Walser.
Walser – debo confesar - es un escritor que leo y admiro secretamente. Walser es un autor silencioso que horada el tiempo para poder encontrar a sus lectores. Y una vez hallados no los liberará jamás: Walser la araña.
No abundan los lectores de Walser, pero si uno tiene la felicidad de encontrarse con un adorador de ese extraño dios sabrá que forma parte de un círculo privado: casi una logia secreta.
Por eso, hace poco menos de dos semanas, dirigí mis pasos hacia el espacio Urbano (sala en donde se presenta LA SONRISA DE LOS SIERVOS). Y la sorpresa fue enorme.
Ahí conocí a Lucas Olmedo: un lector atrapado en la telaraña Walser.
Pero lejos de estar inmovilizado en la trampa, Lucas Olmedo construye una versión personalísima de ese mundo singular. Hay ecos de Kantor (¿qué hubiera pasado si Lucas Olmedo hubiese confrontado frente a frente a aquel monstruo? Su corta edad sólo le permitió verlo en un VHS: pero su talento le permitió entenderlo a la perfección: la clase muerta aparece y desaparece en LA SONRISA DE LOS SIERVOS de manera única: una reescritura en el tiempo de un testimonio artístico único: Kantor).
Y LA SONRISA DE LOS SIERVOS tiene un elenco de actores que se brindan por entero al espectáculo: en estos tiempos de comida precocida y decisiones fútiles los cuerpos que Lucas Olmedo pone en escena estallan de manera singular. Nada tiene un peso innecesario: no hay en LA SONRISA DE LOS SIERVOS ningún elemento que sobre.
No voy a caer en la estupidez de decir que sorprende la calidad en un elenco tan joven (Lucas Olmedo tiene poco más de 27 años. Su protagonista: Eugenio Schcolnicov – brillante, madura, extraordinaria actuación - tiene 23 años): no. Aquí estamos frente a un espectáculo maduro, de extraordinaria factura artística. Que nada tiene que ver con la edad de quienes lo hacen. El hecho artístico está ahí: para ser devorado.
Yo dije que iba a escribir elogios.
No tengo segundas intenciones: como artista apoyo este espectáculo, lo recomiendo fervorosamente y nada me haría más feliz que saber que las salas de circuito independiente se pelearán para programarlo.
Ahora conozco a Lucas Olmedo. Y conozco esta obra: fui esta obra por un tiempo que aún persiste en mí. Muchas de sus imágenes siguen asaltándome. La entrega del elenco sigue conmoviéndome.
Y nada me gustaría más que sea conocido por muchos.
Que sea conocido por todos.
De ustedes depende: ojalá que LA SONRISA DE LOS SIERVOS tenga el lugar que le corresponde LA SONRISA DE LOS SIERVOS es material radioactivo. Pruébenlo: no volverán a ser los mismos.


Alejandro Tantanian

Autor y director


Nueva Crítica: Subida en VUENOSAIREZ


La concreción de los sueños va mas allá de las posibles realidades que se nos presentan. Siempre dependen de las buenas voluntades y la sintonía mágica que aparece en las circunstancias más atenuantes para la materialización de la idea concebida: el sueño.

por Mariano Beitia:

Hay algo de lo onírico que perfuma la producción de La Sonrisa de los siervos: la juventud de sus integrantes, el origen de la producción, la lucha de un grupo de teatro independiente por mantener un espectáculo en cartel durante casi un año, y , por supuesto , la innegable calidad de una puesta realmente muy bien lograda que surge de una dramaturgia basada en un texto inimaginable : el doctrinario pedagógico de una escuela de criados.


Una puesta en escena que se monta en el ocaso de una ilusión. Derruidas puertas asfixiadas por cenizas volcánicas abren nuestra vista a la perplejidad monótona de una escuela de servidumbre.


En ese espacio decadente e infame los actores desarrollan una interpretación viseral, exacerbada y de marcado expresionismo. Acompañados por un chelo en vivo que parece darle luz a las penumbras.
Existen fuerzas desencontradas, obsesiones eróticas y compulsiones de marcado egocentrismo que se fusionan y subyacen en el cuerpo y sus rasgos.
Una composición corporal plasmada en una coreografía de la imagen. Acciones que explícitamente se muestran a través del instrumento sensible del intérprete: el cuerpo.
La puesta de luces es excelente, crea los climas que se quieren mostrar, las penumbras de las almas, el contraluz expresionista, la carencia y la sordidez.


Lucas Olmedo es el creador de esta increíble obra que denosta una trama de perplejidades e ilusiones desde una sapiencia interesante fruto de un director que es más que una promesa, un hecho fortuito y agradable en el teatro independiente.
Una experiencia que los dejara azorados y ansiosos de ver más.


Link Permanente: p://www.vuenosairez.com/V2_1/articulo.php?tipo=2&idRteatro=168




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